Reencuentro con Dios


1Sa 30:6  David estaba muy preocupado porque la tropa quería apedrearlo, pues todos estaban muy disgustados por lo que había sucedido a sus hijos. Sin embargo, puso su confianza en el Señor su Dios,
1Sa 30:7  y le dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ahimélec: –Por favor, tráeme el efod. [1] En cuanto Abiatar llevó el efod a David,
1Sa 30:8  este consultó al Señor. Le preguntó: –¿Debo perseguir a esa banda de ladrones? ¿Podré alcanzarla? y el Señor contestó: –Persíguela, pues la alcanzarás y rescatarás a los prisioneros.

Cuando nos vamos al extranjero siguiendo la senda del deber podemos esperar tranquilamente que Dios cuide nuestra familia durante nuestra ausencia, pero no lo contrario.
La angustia de David: "Y David se angustió mucho";
 David Regresa a Siclag y se da cuenta que los amalecitas habían prendido fuego a su ciudad y se habían llevado a sus mujeres niños ancianos y todo su ganado la ciudad estaba destruida y habían quemado todo
Los amalecitas habían actuado en venganza   1 Sam 27:8-9
David se angustió mucho pues había estado actuando sin consultar a su Dios. Era su hábito general esperar a Jehová para recibir dirección, pues aun cuando era un joven pastor, su gozo era cantar: "Me pastoreará"; pero esta vez, David había salido sin dirección, y había elegido un camino equivocado. Desgastado por la persecución de Saúl, su corazón le falló en un mal momento, y dijo: "Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl."
El desaliento es causado por el desgaste espiritual. Cuando la fe mengua, el pecado sobreabunda.
Quien no confía en el Dios consolador, pronto buscará el consuelo en otra parte, y David así lo hizo: sin pedir la dirección divina, huyó a la corte del caudillo filisteo Aquis, esperando encontrar tranquilidad allí. ¡Vean cuál fue el resultado! Cuando estuvo en medio de las cenizas de Siclag, comenzó a entender cuán malo y amargo es apoyarse en nuestro entendimiento. Olvidamos que Dios nos guía, y nos convertimos en ley para nosotros mismos.
Tal vez, algunos de ustedes estén angustiados de la misma manera:
David completamente perdió la visión de un hombre de Dios ya que se unió a los Filisteos  para ir a pelear y gracias a Dios no lo  aceptaron porque desconfiaban de el.  Pero imagínense a David peleando contra isrrale a favor de los filisteos. Dios corrigió su camino  y regreso a Siclar
Si el se va con los filisteos no regresaría a Siclar después de algunos meses y entonces no tendría opción de rescatar a su gente
Lo peor de todo fue que ahora estaba siendo abandonado por sus seguidores. Esos que habían estado con él en sus peores momentos, ahora le echaban en cara su calamidad. ¿Por qué dejó la ciudad para ir lejos a ayudar a estos enemigos del Señor, los filisteos incircuncisos? Debería de haberlo sabido; y se indignaron, y uno de ellos dijo: "deberíamos apedrearlo"
El fortalecimiento de David: "Mas David se fortaleció en Jehová su Dios";
No intento fortalecer a nadie Busco fortalecerse  el mismo

1Ch 12:19  También algunos de la tribu de Manasés se pasaron al lado de David cuando este se fue a vivir con los filisteos para luchar contra Saúl. Aunque de hecho David no pudo ayudar a los filisteos, porque sus gobernadores, después de reunirse, decidieron despedirlo, pues dijeron: "¡A costa de nuestras cabezas se pasará a Saúl, su señor!"
1Ch 12:20  Los hombres de la tribu de Manasés que se pasaron al lado de David cuando este se fue a Siclag, fueron Adná, Jozabad, Jediael, Micael, Jozabad, Elihú y Siletai, jefes de batallones de Manasés.
1Ch 12:21  Estos fueron los que ayudaron a David al frente de la tropa, porque todos eran guerreros valientes y llegaron a ser jefes del ejército.

David no los miró a esos pidiéndoles que le auxiliaran, y sofocaran el motín. No, por aquel entonces, David se había hartado de los hombres, y se había cansado de confiar en sí mismo. sino que se fortaleció en Jehová su Dios.
Procuremos entender la forma en que David se fortaleció en Jehová su Dios. Estando en medio de esas ruinas, diría: "sin embargo, el Señor en verdad me ama, y yo le amo. Aunque me he descarriado, mi corazón no puede descansar sin Él. Aunque he tenido muy poca comunión con Él últimamente, Él no se ha olvidado de Su gracia, ni cierra contra mí Su corazón."
Luego fue más allá, y argumentó: "¿No me ha elegido el Señor? ¿No ha ordenado que yo reine en Israel? ¿No envió a su profeta Samuel, que derramó aceite sobre mi cabeza, diciendo: 'Él es'? Ciertamente el Señor no cambiará Su designación, ni permitirá que Su palabra falle. He estado separado de mis paisanos, y he sido perseguido por Saúl, y he huido de la roca a la cueva y de la cueva al desierto, y no he conocido el descanso, y todo porque fui elegido como rey en lugar de Saúl; de cierto, el Señor cumplirá Su propósito, y me pondrá en el trono. Él no me ha elegido, ni me ha constituido, ni me ha ungido en son de burla."
Tomen sus diarios y busquen en ellos todos los días en los que el Señor les ha ayudado una y otra vez. ¿Cuántas veces los ha bendecido? No podrían contarlas, pues Dios ha sido tan lleno de gracia y tierno que ya les ha ayudado diez mil veces. ¿Acaso ha cambiado en amor, en fidelidad, en poder? Dios no quiera que nos entreguemos a esos pensamientos perversos. Él es siempre el mismo, y por eso debemos fortalecernos en Él.
Tal vez David percibió en ese momento que este golpe aplastante fue enviado con infinita ternura para sacarlo por completo de la condición en la que estaba sumido. El Señor parece decir a David, "todo lo que has recibido de Aquis es esta aldea de Siclag, y Yo he hecho que se queme, así que no te queda nada que sea una atadura entre tú y los filisteos. Los príncipes dijeron: 'Despide a este hombre', y te despidieron; y ahora, el pueblo que Aquis te dio, está completamente destruido; ya no queda ningún vínculo entre tú y los filisteos, y has regresado a tu lugar natural."

La consulta de David: "Y David consultó a Jehová";
Noten bien que tan pronto David hizo lo recto delante de Dios, anheló conocer la mente de Dios en relación a su siguiente acción. Ustedes y yo habríamos dicho: "apresurémonos tras estos merodeadores; no nos detengamos ni un instante, podemos orar conforme avancemos, o en algún otro momento. ¡Dense prisa! ¡Dense prisa!, pues están en juego la vida de nuestras mujeres y de nuestros hijos."
" David se detiene sabiamente. "Yo te ruego que me acerques el efod," clama, y espera hasta que el oráculo responde a sus preguntas. Él no marchará hasta que el Señor dé la voz de mando.
Observen que David da por sentado que su Dios le va a ayudar. Sólo quiere saber cómo debe hacerse. "¿Perseguiré? ¿Podré alcanzarlos?" Sabe que su arrepentimiento fue genuino  y sabe conoce a Dios y sabe que el lo perdono
David no espera que Dios le ayude sin que él mismo haga lo mejor posible. Él consulta: "¿Perseguiré? ¿Podré alcanzarlos?" Él sabe que tiene que estar listo y seguir adelante. Triste como está, y desfallecido como está, está listo para la acción.
El Señor nos ayuda habilitándonos generalmente para que nos ayudemos a nosotros mismos, lo cual es una manera de beneficiarnos doblemente. Era para el mayor beneficio de David que él mismo abatiera a los amalecitas, en vez de que Dios arrojara desde el cielo piedras de granizo sobre ellos y los destruyera. David tendrá su botín como la paga por la batalla, y será recompensado por la marcha forzada y la lucha.
David desconfiaba también de su propia fuerza aunque estuviera muy presto a usar la que tenía; pues preguntó: "¿podré alcanzar?" ¿Pueden mis hombres marchar lo suficientemente rápido para alcanzar a estos ladrones? Y ¡qué bendito estado de corazón es aquel cuando no tenemos ninguna fuerza propia, mas la buscamos en Dios!

La respuesta de paz para David: el Señor le dijo: "Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos."


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