ARTICULO PARA MUJERES



UNA MUJER IMPERFECTA
El problema de muchas personas es que esperan demasiado de los demás y al no recibir lo que esperan terminan decepcionándose de ellos.
A veces no somos lo que los demás esperan que seamos, no somos las amigas que las demás quisieran que fuéramos, no somos las buenas personas que los demás esperan que seamos, sino que simplemente somos imperfectas, incapaces de llenar todos los requisitos que los demás esperan de nosotras.
Uno de los mayores problemas que todas tenemos es tratar de quedar bien con todos, algo que desde mi punto de vista es imposible, pero a pesar que en lo profundo sabemos que es difícil hacerlo, siempre terminamos sintiéndonos mal por no ser la persona que otros quisieran que fuéramos.
¿Alguna vez te has sentido defraudada por alguien?, ¿Has sentido esa sensación que es producida cuando las personas de las que siempre esperaste algo bueno te dan la espalda?, ¿Has confiando en alguien y al no responderte como esperabas te ha quedado un mal sabor de boca?
Conozco personas que al decepcionarse de alguien han optado hasta por alejarse de Dios. En muchas Iglesias alrededor del mundo, cuando un pastor o líder falla terminan yéndose al mundo, yo me pregunto: ¿Por qué alejarse de Dios cuando un hombre falla?, ¿En quién creíamos?, ¿En Dios o en el hombre?
Debemos entender que TODOS absolutamente TODOS nos van a fallar en algún momento de la vida. No tenemos que idealizar a las personas creyendo que son perfectos, porque nos llevaremos grandes decepciones.
Debemos también reconocer que somos  imperfectas, y  que no podremos llenar el estándar que  la gente y en especial del mundo  esperan de nosotras, soy humana e imperfecta y lucho cada día de mi vida para agradar a Dios y en mi intento diario falló en muchas ocasiones, pero esta mujer imperfecta no se cansará hasta el último día de su existencia de  agradar al Señor. Y es que eso es lo único que nos debe de importar, agradarle solamente a Él, ya que así podrá transformarnos día a día hasta lograr llenar sus estándares.
Solo hay alguien del que nunca nos vamos a defraudar, alguien de quien nunca encontraremos error alguno y aunque en muchas ocasiones nos enojemos con Él, le reclamemos y hasta lo amenacemos, Él sigue amándonos de igual forma y sigue extendiendo su mano para ayudarnos, ese es DIOS.
Dios nunca se defrauda de nadie, porque nunca se ilusiona con alguien, Él nos conoce a perfección, sabe lo imperfectos que somos, lo mal que a veces actuamos, las cosas que pensamos, los deseos que sentimos, los planes que queremos llevar a cabo y sin embargo siempre está allí para extendernos su mano, para levantarnos, restaurarnos y  darnos nuevas oportunidades.
Quizá los últimos días te has sentido defraudado por personas a las que apreciabas mucho, personas de las cuales esperabas mucho y  sin embargo no te dieron ni siquiera poco. Aunque parezca duro decírtelo en esta hora, tú eres la culpable de ese sentimiento que en este momento te embarga, porque esperaste demasiado de una persona imperfecta como tú y cuando haces eso es obvio que terminaras defraudándote duramente.
Es momento de poner nuestros ojos en Jesús de quien nunca encontraremos error alguno, es hora de dejar de ver a los demás como personas perfectas o incapaces de fallarnos, al contrario, veamos a cada persona como un candidato a defraudarnos en cualquier momento de nuestra vida, para que cuando eso pase podamos entenderlo y podamos amarlo de la misma forma.
Cuando comprendemos que todos somos imperfectos aprendemos a amar y no a juzgar, a levantar y no a pisotear, a ayudar y no a sepultar, porque nos damos cuenta que cualquiera de nosotras puede en algún momento estar en el lugar de esa persona, porque al fin y al cabo también somos igualmente imperfectas.
Ama a las personas, pero no te ilusiones con ellas, si quieres admíralas, pero nunca las idealices, porque son como tú, personas imperfectas buscado agradar y servir a un Dios perfecto.
Y si te sientes defraudado por medio mundo, es hora de volver tu mirada hacia el lugar de donde nunca tuviste que desviarla, esto es a Jesús.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Colosenses 3:2

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